Son miles de ejemplares menos que ya no absorben el dióxido de carbono que contamina la metrópoli y que expulsan el oxígeno necesario para vivir.

La Dirección de Parques y Jardines justifica que el derribo se debe a que la flora estaba seca o era “riesgosa” por la falta de poda o por su inminente caída.

Los 14 mil representan casi la mitad del total de árboles censados por la Universidad de Guadalajara el año pasado: 34 mil. La poda se da en un contexto de déficit de arbolado en la ciudad con relación al parámetro recomendado por la Organización Mundial de la Salud: nueve metros cuadrados de áreas verdes por cada habitante. Sin embargo, en Guadalajara dos de cada tres tapatíos no poseen ese espacio de acuerdo con un estudio del Instituto de Información Territorial de Jalisco.

Además, los ayuntamientos permiten que personas, empresas u otras instancias gubernamentales soliciten el talado de un árbol. Tal como sucedió en la Plaza Liberación donde se cortó un jacarandá de entre seis y diez años de edad por orden del Gobierno del Estado poco antes de la instalación de toldos en el lugar. La explicación oficial fue que ya estaba seco. Otro ejemplo es el ficus que se cortó afuera de un establecimiento de venta de hamburguesas en Enrique Díaz de León bajo la argucia que dañaba el drenaje del negocio.