Las raíces y la cultura le dan identidad al artista. Luego de explorar en géneros y estilos, Natalia Lafourcade encontró que en este momento, su misión en la vida como cantante y compositora, es darle nueva vida al sonido latinoamericano a través de los clásicos, enriquecerse de los autores de antaño enamorados del amor y cuya la lírica de sus versos ha trascendido al paso del tiempo, y así ella crear música y letras nuevas. Así lo hizo la artista con su disco “Musas” que durante 2017 le trajo muchas satisfacciones.

De hecho, el próximo 9 de febrero del 2018, Natalia Lafourcade publicará el volumen II de este, su más reciente disco, donde incluirá temas como “Humanidad”, “Eclipse” y “Alma mía”. La sorpresa es que la presentación de este material será en Londres, en un foro llamado Koko, un reto interesante para la cantante pues llevará el folclor latinoamericano a Europa. Además también estará presentándose en Barcelona, Madrid y París.

“La canción de ‘Humanidad’ la propuso Miguelito de Los Macorinos y si tuviera que resumir el proyecto de ‘Musas’ en una sola palabra, precisamente es la de humanidad. Éste es un proyecto que está lleno de ella, que nos acercó y que hizo una familia, nos hizo unirnos, conectarnos y desnudar el alma”, comparte la estrella.

Pero ahí no paran las sorpresas. El volumen I de “Musas”, está nominado en la categoría de mejor álbum latino del Grammy americano, la entrega del galardón se desarrollará el 28 de enero en la ciudad de Nueva York. La intérprete está nominada con otros colegas como Shakira, Alex Cuba, La Santa Cecilia y Juanes.

Natalia ha evocado a mujeres como Violeta Parra y Chavela Vargas a raíz de sumergirse en este universo, eso ha permitido que los jóvenes de su generación también convivan con esta música llena de vida y sentimiento.

“Me di cuenta que acercándome al proyecto de Agustín Lara, podía enriquecerme como artista, realmente aprendí mucho y entendí que quería ser una buena compositora, mi fuerza en la música se va tejiendo en la parte de escribir canciones, hacer lo que hacían los grandes compositores, que de alguna manera fotografiaban su sentir en el momento histórico y universal, ese es mi sueño, mi interés de acercarme a estos autores es conectar con la riqueza que hay en toda esta música de muchos años atrás y que se vuelve muy interesante cuando mezclas lo de antes con lo de ahora, obtienes mucha riqueza”.

Natalia considera que hace un coqueteo con el folclor, “porque es una cosa muy profunda y de mucho estudio, de ir a la raíz, al centro… he tratado de coquetear en la raíz y en la superficie y poco a poco me he dado cuenta que cada vez me siento más orgullosa de ser quien soy, de ser mexicana, voy fortaleciendo una identidad con la cual yo me paro en un escenario para cantar. Para mí lo interesante de esto es conectar con la gente”.

 

Una nueva sangre

Natalia ha sido la abanderada de darle una nueva sangre a los sonidos de la música latina que se refresca con lo vitalidad de la que hoy se goza, y ella sí considera tener una responsabilidad de encausar este proyecto de vida de la mejor manera.

“Sí se siente una responsabilidad muy fuerte. Cuando grabábamos el disco, quería hacerlo de la mejor manera que pudiera, y fuimos muy exigentes con nosotros mismos, estudiamos muchísimo y el reto más bonito y más importante para mí, fue que tenía que cantar con mucha humildad estas canciones, a Violeta Parra no la puedes cantar sintiéndote el muy acá, porque no conectas con lo que ella está diciendo, es una mujer que se conectaba mucho con la tierra, con el universo, la voz de la gente, era una artista en muchas dimensiones, o cantar una canción de Chavela Vargas, pero no hacerlo como ella, sino encontrar el espíritu y la esencia mía en esa música”.

Los Macorinos, una familia 

Juan Carlos Allende y Miguelito Peña de Los Macorinos, se ha convertido en verdaderos maestros para Natalia. Ellos destacan que la estrella veracruzana le ha dado nueva frescura a los clásicos latinoamericanos, tal cual lo hizo en su tiempo Luis Miguel con los boleros y ahora le toca a ella a través de su estilo, no dejar que los autores de los años 40, 50 y 60, mueran y sigan con su trascendencia al paso del tiempo.

“Estamos muy contentos de que nos siga invitando a participar en sus actuaciones. Este es un encuentro de tres generaciones, porque nosotros le llevamos dos a ella. Natalia está muy jovencita y tiene un camino muy grande, ella es músico, toca la guitarra, el piano, compone y lo hace muy bonito”, dice Miguelito, mientras que  Juan Carlos, refrenda el gusto de colaborar con ella.

“Natalia es una personita muy valiosa, muy talentosa, muy profesional y nos dio una sensación de milagro el encontrar entre tanta diferencia de edades, el comulgar de que las cuestiones artísticas y todo en la vida debe hacerse con el máximo esfuerzo y la mayor responsabilidad. Ella nos dejó la tarea de que juntos, esbozáramos un plan de trabajo que resultó algo no típico, estamos congratulados, vamos a depositar lo mejor de nosotros mismos”.

Por su parte, la propia cantante, no deja de estar agradecida de que ellos se hayan sumado a su proyecto. “Ha sido de las experiencias más bonitas que me ha tocado vivir, ‘Musas’ ha sido un disco que en lo personal me costó mucho trabajo poder hacerlo, tuve que aprender muchas cosas de los maestros y de la música, de todos los compositores a los que nos acercamos”.

“Había canciones que eran unos retos impresionantes para mí de interpretar, y encima de esto, queríamos grabar el disco como se hacía antes, el reto era grabarlo de una todos juntos al mismo tiempo, nos esforzamos muchísimo, tengo memorias muy lindas, la selección de los temas, reunirnos en casa, tuve que volver a usar casetes, discos y el contacto personal y humano fue muy lindo”.

SABER MÁS

En retrospectiva

Cuando estuvo en el grupo Twist, una faceta que no le encanta, descubrió que quería estudiar música de manera formal y que quería acercarse a la música de otra manera. “En ese grupo bailaba, cosa que me gusta mucho, pero hacia mucho playback y eso no me gustaba, quise aprender a tocar la guitarra, el piano y hacer mis propias canciones”.

“He aprendido a ser muy paciente con mi sueño, hay que trabajar mucho. A mi primer disco le fue muy bien, se hizo muy famoso, y después vino la caída, muy dura para mí, salió mi disco de ‘La Forquetina’ y ya casi ni quería dedicarme a la música, luego me fui a Canadá y tuve que empezar todo de nuevo. Y he entendido la importancia que tiene disfrutar los procesos, no hacer las cosas por el resultado final, sino por vivir todo lo que se teje un proyecto y al final pasan cosas muy bonitas”.

 

EL INFORMADOR / KIKE ESPARZA